Tal vez lo que creas no ver lo tienes delante de tus narices...
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Una nueva andadura por el submundo de los sueños y las otras realidades

 
 

Blog posts/Temas para el diálogo (al final de la página)

19, junio 2010

Descalza

Historia basada en la estupenda película de JL. Mankiewitcz, La Condesa descalza, inspirada a su vez en el cuento de La Cenicienta.
Como de costumbre, desde aquel día en que me dejé olvidados mis "manolos" en casa de un amante, andaba por la mía descalza, cuando sonó el teléfono. Mi amigo Germán me anunciaba su visita.
Él y yo habíamos sido uña y carne en otros tiempos no tan remotos. Ya no existía esa complicidad, esa unión que rallaba en lo telepático, como si de hermanos gemelos se tratase. Pero mi, otrora, confianza ciega en él, me pedía hacerlo partícipe de mis cuitas y, lo que no me había atrevido a confesar a nadie, necesitaba desahogarlo y quién mejor que él para escucharme.

Se me partía el corazón tan solo en pensar en defraudarlo. Recordaba lo elegante que lucía el día de mi boda cuando, cogida de su brazo, me acompañaba al altar. Su rostro, nunca demasiado expresivo, contenía una leve mueca difícil de describir pero que, según yo intuí, reflejaba satisfacción y, por qué no, tranquilidad.

Era conocedor de mi felicidad y en cierto modo se sentía responsable de mí. Casi diría que algo en su interior le adjudicaba el papel del padre que nunca tuve. Así que, él también era feliz por mí.
Esa responsabilidad se convertía en recíproca al haberle elegido como padrino de boda. Nunca podría permitirme el desliz de fracasar en mi matrimonio.

No me hubiera importado tanto por mí... ¿sería yo la mujer que, después de un fracaso como ese, no fuera capaz de sustituir a mi marido por otro hombre?...
Pero con Germán era diferente. Era como mi conciencia. Él suponía que habría conseguido encauzar mi vida por el camino "recto", y no es que fuera un hombre pacato, que para nada lo era. Al fin y al cabo, un librepensador como él qué tendría que objetar sobre lo que hacía con su vida su mejor amiga. Nada de prejuicios ni falsos moralismos; él no era de esos. Sin embargo sabía lo que yo anhelaba, sabía que mi ritmo de vida me llevaría a la perdición, que terminaría por arruinarme la salud con la coca o tal vez caería en manos de un desalmado que acabara conmigo en lugar de ofrecerme el placer que yo buscaba, si a no mucho tardar no encontraba al hombre capaz de hacerme feliz.
¿Cómo podía yo ahora hacerle saber que ese hombre que los dos creímos que por fin me haría feliz no podría conseguirlo?

Creo que no existen hombres perfectos, y ese es el error que solemos cometer todas las mujeres, buscar al hombre perfecto y, lo que es peor, creer que lo hemos encontrado. Y tantas veces me he preguntado si Ana, la esposa de Germán, pensaría que su marido era el hombre perfecto, porque a mí sí me lo parecía..., sin embargo, ¿por qué yo no fui capaz de enamorarme del hombre perfecto y por el contrario me enamoré de quien creí perfecto pero después resultó no serlo?
Este tipo de paradojas son las que me sorprenden de vez en cuando y terminan por causarme una de esas tremendas jaquecas.

Después de abrir mi corazón y contarle mi tragedia a Germán, me aconsejó que no le dijera una palabra a mi marido, que mantuviera el secreto por todos los medios.
"Deberías buscar una nodriza -me dijo- y ese huevo, ya puedes ocuparte de mantenerlo bien oculto a los ojos de Giusep".

A Rodian lo había conocido en una cafetería cuando me senté a tomar un refresco una tarde que salí de compras y volvía a casa cargada. Él iba con un grupo de extras. Habían venido de excursión desde Venus. Rodian era venusino y, bastante guapo y atractivo, por cierto.
Al ir a acercarse a la barra tropezó con una de mis bolsas, la del vestido de Gaultier, creo, y al pedirme disculpas, con ese raro acento que tienen los venusinos, nuestras miradas se cruzaron. No habían pasado aún ni quince minutos, ya estábamos en una habitación alquilada en el hotel Paradis disfrutando de momentos íntimos que, para qué negarlo, llevaba ya bastante tiempo echando de menos.
Mis ansias locas me jugaron la mala pasada de olvidarme de tomar precauciones. Y, naturalmente, esto era algo que a Rodian le traía sin cuidado.

A los siete dias justos de mi aventura, expulsé ese huevo, y no fui capaz de deshacerme de él porque en su interior lleva escrito mi código genético.
Pero he temido que Giusep fuera capaz de encontrarlo y descubra que le he sido infiel. Aunque a veces me estalla la cabeza tratando de entender cómo un hombre como Giusep pretende que yo permanezca sin realizar eso a lo que él sabe perfectamente que tengo adicción. ¿Cómo se le ocurrió no advertirme de su tremenda tara? Claro, si me hubiera advertido, lejos habría estado de contraer matrimonio con él. Y, si ahora se enterase de que ya ni me importa hacerlo con cualquier extra... Bueno, con "cualquier" no es acertado decirlo, porque hay que reconocer que Rodian no es un extra cualquiera, y espero con ansia el día que mi bebé rompa ese huevo, pues porta unos genes magníficos.

Pero estoy segura de que Giusep se sentiría traicionado en tantos aspectos que enloquecería y..., no quiero pensar, en lo que sería capaz de hacer.
Giusep perdió su falo en la Segunda Guerra de las Galaxias y ese patético trauma le hizo convertirse en un auténtico xenófobo; los odia a todos. Si algún día llegara a descubrir mi infidelidad, sería el fin.

Hice lo que Germán me había aconsejado. Busqué una nodriza para que incubara mi huevo y a diario salía a escondidas de mi casa para ir a visitarla y vigilar que todo siguiera su rumbo en perfecto estado de armonía.
Miriam no era una hembra muy afortunada, pero me habían dado buenos informes sobre ella. Como inmigrante lunar que era, necesitaba ganar algo de dinero extra, pues su situación en la Tierra era difícil, así que no me importó tener ese gasto, sabía que ella cumpliría con su cometido.
Pero había algo que yo no tuve en cuenta debido a mi ignorancia. No sabía de ese sensor remoto que los habitantes de Venus poseen y jamás se me ocurrió pensar que Rodian regresara por su hijo.

Cumplidos los cinco meses, tal y como había leído al consultar información sobre el nacimiento de venusinos y ampliado cuando se trataba de un caso mixto, entre humana y venusino o entre venusina y humano, con unas pequeñas diferencias entre ambos casos, salí de mi casa ansiosa con mi turbocar en dirección a la vivienda de Miriam, pero al llegar me encontré con la más terrible de las tragedias, algo que jamás se me hubiera pasado por la cabeza que ocurriría.
Rodian conocía perfectamente el momento exacto en que su hijo rompería el cascarón y, habiendo tenido en cuenta que las condiciones atmosféricas y el grado de temperatura y humedad para un venusino nacido de humana, eran mejores en la Tierra que en Venus, había dejado que fuera incubado aquí para asegurarse de que nacería en perfecto estado, pero su intención, desde el primer momento, había sido volver a recoger a su retoño.

Yo no era consciente de que Giusep, por su parte, me había estado espiando y conocía perfectamente la situación y el paradero de la prueba de mi infidelidad. Fui una ingenua al pensar que todo se desarrollaría de la mejor manera posible. Mi ilusión por tener descendencia me cegó y no me permitió tener en cuenta diversos factores que podrían impedir que todo llegara a buen término.
Al llegar a casa de Miriam me dio un tremendo vuelco el corazón. Giusep me esperaba en la puerta con una sonrisa irónica que me resultó sumamente amenazante. Por primera vez sentí miedo del hombre con quien tan enamorada me había casado.
A los cinco minutos descendió, frente a la puerta de Miriam, de una nave de servicio, el mismísimo Rodian, dispuesto a llevarse a su hijo.

Pero, lo que yo no sabía, lo que nunca había imaginado, es que Rodian había sido quien, con su arma láser, arrancó la virilidad al hombre que ahora sostenía en su mano diestra un revólver de neutrones.
Los dos, hombre y extraterrestre, se miraron con odio fijamente. De pronto observé que el huevo había empezado a agrietarse y quise acercarme a él para estar al lado de mi bebé en el momento de su nacimiento. Pero el destino quiso que todo confluyera en un mismo lugar y momento. Crucé por enmedio de la sala al encuentro con mi hijo en el preciso instante en que las armas de los dos machos se disparaban y, en ese fuego cruzado me encontraba yo, que no pude esquivar ninguno de los dos disparos.

Hoy Germán sostiene entre sus manos un cofrecito conteniendo mis cenizas. Una lágrima resbala por su mejilla. No puede evitar sentir culpabilidad por haber sido él quien me entregó a ese hombre con total beneplácito para -jeje, ironías de la vida- evitar que me destruyera a mi misma mi exacerbado deseo carnal. Al final, aquel que él creía que sería mi salvación había llegado a ser mi asesino, y sin que él hubiera podido hacer nada por evitarlo. Algo en su interior le hacía pensar en todos estos años inútiles de amistad que había dedicado a protegerme de mí misma.

Tuvo un pequeño problema para deshacerse del cadáver de Rodian ya que las leyes eran muy claras al respecto en cuanto a la muerte de extraterrestres en nuestro territorio planetario. Pero, con algo de dinero, pudo solucionarlo.
Giusep acabó sus días en la cárcel y jamás pudo ya superar su tristeza, aquella que arrastraba desde su estúpido accidente de guerra y que había empezado a disiparse el día que nos conocimos.

Puedo ver desde mi nueva dimensión a Germán entrando en casa de Miriam portando el cofre con mis cenizas y un par de zapatillas nuevas; aquellas rojas, de Valentino, que me compré el día en que conocí a Rodian, con idea de ponérmelas para estar en casa pero que, debido a mi manía de ir siempre descalza, nunca llegué a estrenar.
Germán se acerca a mirar a mi bebé, un híbrido entre venusino y terrícola; macho, aunque no posee el aparato reproductor que le correspondería según su sexo, a decir verdad, lo tiene atrofiado. Una vez más, un infante nace arrastrando el karma creado por sus antepasados.
Yo, sin embargo, descanso tranquila en esta dimensión que ahora me corresponde. Aquí soy como un ángel... no necesito practicar sexo, pero, lo que más me gusta, es que, siempre y a cualquier hora, mis pies están descalzos.

 

 

David Ho

literatura, narrativa, Ci/Fi, fantasía, drama, realidad alternativa
19, junio 2010

David Ho, la Macabra Ingenuidad



Rostros inocentes, manecitas tiernas, pieles descoloridas..., ironía, sarcasmo, doble intención, juego de seducción, amenaza intrínseca, parodia, búsqueda de lo oculto, de lo que subyace en el interior de las cosas, de las personas; surrealismo, terror, misticismo, realidad y fantasía, una llamada de atención a nuestra ingenuidad, una advertencia de que las apariencias engañan, de que nada es lo que parece, de que todo tiene su lado oculto inesperado, oscuro y macabro, aun en la más inocente de las apariencias y en la menos contaminada de las miradas.


Los dibujos de David Ho cautivan... pero, ojo, traicionan, son capaces de producir una convulsión interior, de adherirse a nuestro subconsciente y ocasionar alguna alteración en nuestra psique.


Con unas imágenes y un colorido atractivos, conocedor de las técnicas de la ilustración, talento y sensibilidad artística, David Ho sorprende con sus creaturas diabólicas a la par que inocentes o con el juego perverso de aparentar mostrar lo que no es para "pillar" al espectador desprevenido.


David Ho es un artista polifacético japonés que no solamente se dedica a crear su fantástica obra personal, de la que ha realizado numerosas exposiciones, sino que trabaja también como ilustrador y como diseñador gráfico preferentemente en el medio digital.


Entre su obra personal, además de sus pinturas originales, destacan varias colecciones diferentes de ilustraciones con características bien definidas. Me encanta su serie Honey, de connotaciones eróticas y sensuales, vistas a través de la figura de una abeja humanizada; la serie de Candice the ghost, una niña muerta convertida en fantasma, o sus interpretaciones de cuadros famosos, entre otras.




La obra de David Ho fluctúa entre el gótico, el surrealismo, la metafísica o el gore, aunque puede que en algún momento no podamos evitar que nos recuerde a El Bosco y también veamos en ella fuerte influencia de la pintura tenebrista. Lo que es indudable es que tras estas tétricas imágenes, se encuentra la mano y la mente de un gran artista plástico.






Recomiendo visitar su página web, donde podremos descubrir mucho más y mejor su amplio y fabuloso mundo artístico:
http://www.davidho.com/index.html
















monográficos, artistas, ilustradores
2, junio 2010

La sombra de tu silencio

Como una sombra arrojada sobre el blanco lienzo de mi luz, manchada;
perdida la pureza, roto el himen, salpicada de angustioso desasosiego,
la luz se esfuma y desaparece, trastocada, herida y casi acabada,
el oscuro silencio de tus palabras cubre de negro mi soledad y mi almohada.

Parece como si tu lejana voz hubiese enmudecido...
La penumbra se hace presente en mi vida día a día,
se apagó la luz del sonido de tu alma
y me tienes a oscuras entre sombras acompañada.

Día tras día mi luz se apaga al recibir la visita de tu oscuro silencio,
el que choca con crudeza sobre el blanco de mi lienzo y, sin compasión, dispara.
literatura, metáfora, poesía
27, mayo 2010

Descarnada

Arte digital, Solariana Penalva


Ligera, como quien deja su mochila cargada junto a una piedra y echa a correr por en medio del campo tras las mariposillas, y divisa el horizonte muy lejos muy lejos, como si todo abarcara un espacio infinito, sin límites, sintiéndose en una total y placentera sensación de libertad, como flotando en una atmósfera cargada de oxígeno, límpido y fresco, puro como el rumor del arroyo y el trinar de los pajarillos, pero aderezado con el aroma silvestre de las margaritas y las amapolas y un toque revitalizante de lavanda matizado por el perfume sensual de algunas rosas, así me sentí en aquel momento, un momento confuso en el que respiraba suave pero intensamente, como si nunca hubiera respirado de esa forma; no había olores pero tenía una sensación como de inundarme de aromas de perfumes de ángeles y me vi flotando en absoluta libertad rodeada de un espacio infinito, inmensamente infinito, desprovisto totalmente de límites, invadido por luces de diferentes colores e intensidad de brillo, luces que me atraían como imanes, y yo flotaba en ese espacio como en un vaivén desordenado y desconcertante, moviéndome de acá para allá en todas direcciones, de arriba a abajo y de abajo arriba, de izquierda a derecha, de adelante hacia atrás, recorriendo unas veces distancias cortísimas, pero otras, en una especie de caída libre a toda velocidad haciéndome notar como un gusanillo en el estómago, como cuando en la feria me montaba en atracciones del tipo de la noria y la montaña rusa.

De manera involuntaria me llevé mis manos al estómago en un movimiento instintivo, pero, algo me hizo estremecer..., no tenía estómago, es como si mis manos hubieran atravesado un espacio desprovisto de materia. Entonces miré mis manos en otro ademán instintivo, y esta vez el escalofrío fue mayor..., no tenía manos. Intenté agarrarme a algo pero sin manos me resultaba imposible, además, no había donde agarrarse, todo flotaba como desprovisto de materia, en caída libre, cruzándose unas partículas con otras sin orden ni concierto pero sin chocar jamás entre ellas.

Comencé a interrogarme dónde estaba, quise tomar referencias, dirigí mi vista hacia todos lados, y al mirar hacia abajo, allí, inerte, sin vida, mi cuerpo yacía junto a una piedra.
literatura, narrativa, cuento, fantasía, realidad alternativa

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Creado 27.05.2010 07:01:40 | Último cambio 27.05.2010 07:03:15

Temas para el diálogo

Creado 19.06.2010 13:49:44 | Último cambio 19.06.2010 16:37:49
 
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